Sobre mí

Un aprendiz de la vida

Me llamo Ramón, y no tengo la vida resuelta.

Lo aviso pronto para que nadie se lleve a engaño: aquí no vas a encontrar a un experto con las respuestas, sino a un hombre que se hace preguntas en voz alta. Un soñador. Un aprendiz de la vida.

Hay una frase que me acompaña y me ha ayudado a marcar mi camino desde adolescente: «We must learn as long as we may live» — mientras vivamos, debemos seguir aprendiendo. La escribió Séneca hace dos mil años (tamdiu discendum est, quamdiu vivas). Séneca era estoico y es el estoicismo, quizá, una de las corrientes con las que más me identifico, pero bebo de muchas: de la filosofía oriental, de la espiritualidad que heredé de mi madre, de cualquier sabiduría que ayude a vivir con más intención. Las etiquetas encierran, y esta web nace justamente de lo contrario: de mantener las preguntas abiertas.

Lo que practico (imperfectamente)

Medito, aunque no todos los días. Escribo un diario de reflexiones, aunque a veces lo abandono semanas. Acudo a la meditación y a la reflexión cuando llegan los días flojos o las decisiones importantes, y unas veces me sostienen y otras se me olvida todo lo leído. Mi madre me enseñó que la vida interior también se cultiva, y en eso ando: cultivándola, con más constancia unas temporadas que otras.

Soy, además, una persona profundamente intuitiva. Creo en escuchar lo que la vida va señalando —llámalo destino, llámalo intuición— y en dejarme guiar por ello tanto como por la razón. Algunas de mis mejores decisiones no salieron de una lista de pros y contras, sino de una certeza silenciosa que no sabría explicar.

Podría fingir que soy más disciplinado de lo que soy. Pero este proyecto se llama «escribo mientras aprendo» precisamente porque escribir es mi manera de no abandonar la práctica. Aquí comparto el camino con sus recaídas y sus vueltas a empezar, porque sospecho que el tuyo se parece más al mío que al de los gurús de las rutinas perfectas.

De dónde vengo

Estudié comunicación —audiovisual y periodismo— y protocolo, y me formé como maestro. He dado clases, y enseñar me enseñó más sobre comunicar que cualquier manual.

Y aun así, mientras escribo esta página, hay una voz dentro que me pregunta: ¿y tú quién eres para hablar de filosofía, de vida interior, de nada? Tiene nombre —síndrome del impostor— y convivo con ella. Con el tiempo he aprendido que esa voz no se vence esperando a sentirse preparado, porque ese día no llega nunca. Se vence haciendo: escribiendo aunque susurre, publicando aunque proteste. Esta web es también eso: mi manera de actuar a pesar de la voz. Si tú también tienes la tuya, ya somos dos.

Lo que me hace humano

Devoro historias. Es, creo, mi rasgo más antiguo: el cine y las series me pueden no por su técnica sino por lo que cuentan; los libros, los videojuegos, los viajes… todos son para mí formas distintas de la misma cosa: historias que habitar. También me gusta crear —escribir, fotografiar, jugar— y algunas de esas pasiones se asomarán por aquí, porque uno no reflexiona en el vacío: reflexiona con todo lo que es.

Lo que encontrarás aquí

Cinco caminos hacia la misma pregunta: filosofía aplicada sin sermones, análisis de conversaciones que dejan huella, vida interior sin dogmas, el arte de la palabra y la presencia, y notas honestas del camino. Y frases —como la de Séneca— sobre las que llevo años queriendo pensar despacio y en compañía.

Si tú también estás aprendiendo a vivir, quédate. Este sitio es para ti.

Ramón R. Vázquez

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